Silvana y Maura juegan que están perdidas en un bosque, en neblina, en horas vespertinas, entre ruidos de octubre. De Silvana yMaura se hace una, no sabemos si Mariana, o una rama, o una seña con la mirada, o un breve reír entre escaleras de piedra y los 13 grados.
A sus veintitrés son, las tres, niñas otra vez. ¿Qué hay en estos juegos que será recordardo años después, en un consultorio de la memoria y el engaño con palabras? Una le cuenta a otra su travesura: he grabado a mamá cantando, le dice. Otra le comparte a una algo que podría ser motivo de autocastigo: caramelos de arándano. Todo es casi un secreto de Mariana, quien juega nerviosamente con la rama y envía señas con la mirada al extraño con quien se ha topado veintitrés veces esta tarde.
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