miércoles, 10 de febrero de 2016
Duloxetina 60 mg
Me acostumbré a mi tristeza como en temporada de lluvia uno se acostumbra a una sombrilla y poco a poco me pareció tan familiar que comencé a confundirla con el rumor de mi caminar por los pasillos; mi tristeza desfiguró mis recuerdos, y los aeropuertos vacíos comenzaron de pronto a ser la misma litera donde nuestros cuerpos, el tuyo, el mío, prefirieron dormir una noche sin tocarse; mi tristeza estuvo en cada sonido, y noté después, mi tristeza fueron todas las voces que junto a mi padre habían de pronto envejecido; se hubiera dicho que por las mañanas mi tristeza lucía tan dolorosamente bella y algunas veces mi tristeza se sintió tan bien que me hizo cerrar los ojos debajo de la regadera hasta desapercibir mi llanto; en mi cuerpo mi tristeza se acumulaba cada tarde con el pesado sueño, me obligó al sueño cada tarde y me arrastró a divanes fríos en un consultorios todavía más fríos; mi tristeza fue, para algunos, un error bioquímico, una carencia de sustancias, un mal funcionamiento; para otros mi tristeza no fue más que una conducta errática, una situación vulnerable o de provecho; para mí mi tristeza fue, por destellos, una súbita rabia y las más de las veces tan sólo un extravío con que caminé bajo el sol de medio día; mi tristeza
con dos pesos y un encendedor en el bolsillo
sentir en la nuca y las palmas de las manos la sed
y por la noche esa oscura arritmia por la marihuana
dejarse caer en una palabra
tan fácil a la vez
como sonreír a tus amigos
la tristeza es tan fácil
como otorgar besos en la puerta de algún taxi
o como ver el mundo a través de una ventana cerrada
llorar frente a mil girasoles sacudidos por la lluvia
y recordar cuando tu niñera perdió el habla
resignificar los primeros momentos melancólicos de la infancia
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