Ya no hay más tiempo entre nosotros,
la tarde ha dado saltos agigantados
y ha expandido sus dieciséis dedos en medio
de mis muslos y tus hombros.
Ya se está metiendo el sol entre tu
frente y mi voz la tarde ha dado saltos agigantados
y ha expandido sus dieciséis dedos en medio
de mis muslos y tus hombros.
y los veinticuatro grados de este mes de agosto
nos hincan sus ocho dientes.
Pasajero número siete, ¿vendrías a mí la próxima tarde?
La mañana de hoy es quizá
la misma mañana que viví hace ciento cinco años.
Yo reconozco este techo altísimo y triste de tu recámara.
Estoy sola.
En la noche el tiempo nos estuvo vigilando.
Sumergidos en un grito que es voz muda,
mientras dormíamos nuestros cabellos conversaron.
Nadie nos mira en este fragmento de historia que somos.
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