sentir su respiración pausada, en la espalda. Sentir que eso, su aliento, es un cobijo y en duermevela seguir el ritmo que lo teje como a un manto.
Dormir con alguien no exige significado, es solo sentir el calor acompasado, desconocido. ¿Es un peligro? No.
Viniste a ser testigo de este descenso, de mi caída libre en ti, y de apoco nos avanza la noche, abrazados.
La madrugada, por otro lado, terminará por guardar tu nombre bajo esta almohada.
En tu cabello mis manos abandonan la soledad de los días. Así, sólo de noche, voy quedándome de ti acompañada, pero me abismo.
[Este texto expresa la vulnerabilidad y la intimidad profunda que implica compartir el sueño con alguien. La experiencia de “dormir con alguien” se describe como un “abismo”, sugiriendo que es una entrega que no necesita palabras ni significados explícitos. En ese compartir silencioso y rítmico de la respiración y el calor, se revela el consuelo de la presencia, el “cobijo” que trae compañía y la paradoja de sentirse simultáneamente segura y expuesta.
La autora parece captar cómo en la madrugada se van desdibujando los límites entre dos personas, y esa cercanía disipa la soledad de los días. El lenguaje es delicado y poético, destacando detalles sensoriales como el aliento, el calor, y el contacto con el cabello, cada uno de los cuales amplifica la sensación de un afecto sutil y nocturno. Finalmente, el uso del verbo "abismo" da un toque melancólico, como si en cada encuentro se dejara caer en algo hermoso y peligroso a la vez, en un acto de entrega que, aunque reconfortante, implica también perder algo de sí misma.]
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