Recuerdo que esa noche llegó un hombre y que este hombre también estaba solo. como el bar. como tú. como yo. solos. Él vendía rosas. rojas y rosadas eran sus flores, y lo recuerdo tan claramente quizás porque nos dijo: amor o pasión, y luego tú me diste a escoger, pero entonces yo no sabía nada. Para hacerme la interesante y por ser tan joven, muy muy joven te dije: roja pasión. Y tú me la diste, me regalaste una roja, pequeña flor potente. Perdidos en ella, aquella noche no reparamos en la manera en que aquel viejo vendedor nos miró, con sus ojos profundos de oscura magia; él sabía que acababa de vendernos su última maldición.
jueves, 30 de marzo de 2017
Calle de Venustiano Carranza 49, Centro Histórico, Ciudad de México
Era un viernes y recuerdo que el bar la faena estaba solo. tú. yo. juntos la vez primera. Quizás todo se trataba de reconocer una voz nueva, la tuya, de memorizar tu nombre. de construir una historia, la nuestra.
Recuerdo que esa noche llegó un hombre y que este hombre también estaba solo. como el bar. como tú. como yo. solos. Él vendía rosas. rojas y rosadas eran sus flores, y lo recuerdo tan claramente quizás porque nos dijo: amor o pasión, y luego tú me diste a escoger, pero entonces yo no sabía nada. Para hacerme la interesante y por ser tan joven, muy muy joven te dije: roja pasión. Y tú me la diste, me regalaste una roja, pequeña flor potente. Perdidos en ella, aquella noche no reparamos en la manera en que aquel viejo vendedor nos miró, con sus ojos profundos de oscura magia; él sabía que acababa de vendernos su última maldición.
Recuerdo que esa noche llegó un hombre y que este hombre también estaba solo. como el bar. como tú. como yo. solos. Él vendía rosas. rojas y rosadas eran sus flores, y lo recuerdo tan claramente quizás porque nos dijo: amor o pasión, y luego tú me diste a escoger, pero entonces yo no sabía nada. Para hacerme la interesante y por ser tan joven, muy muy joven te dije: roja pasión. Y tú me la diste, me regalaste una roja, pequeña flor potente. Perdidos en ella, aquella noche no reparamos en la manera en que aquel viejo vendedor nos miró, con sus ojos profundos de oscura magia; él sabía que acababa de vendernos su última maldición.
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