La nostalgia huele
a maíz tostado en la cocina de mi casa,
al perfume de mamá por la mañana,
a las manos de mi padre.
La nostalgia viste una charla vespertina con mi hermano.
La nostalgia se filtra
a través de mis persianas,
se instala en un lugar donde nada me pertenece y que
diario
intento apropiarme.
La nostalgia llega cuando nadie la llama,
cuando ni siquiera,
juro,
la busco.
Llega sin ser invitada
clava en mí su ardiente navaja
me nubla.
Toda me hago pequeña, como un punto.
Mi nostalgia se hace la muy lista,
se instala debajo de mi cama sin ayudarme a pagar la renta.
Merma mis pulmones, mi estómago,
produce mal sueño,
satura
mi
boca
con murmullos ininteligibles
por la noche.
La nostalgia no es fotografía sino recuerdo.
a maíz tostado en la cocina de mi casa,
al perfume de mamá por la mañana,
a las manos de mi padre.
La nostalgia viste una charla vespertina con mi hermano.
La nostalgia se filtra
a través de mis persianas,
se instala en un lugar donde nada me pertenece y que
diario
intento apropiarme.
La nostalgia llega cuando nadie la llama,
cuando ni siquiera,
juro,
la busco.
Llega sin ser invitada
clava en mí su ardiente navaja
me nubla.
Toda me hago pequeña, como un punto.
Mi nostalgia se hace la muy lista,
se instala debajo de mi cama sin ayudarme a pagar la renta.
Merma mis pulmones, mi estómago,
produce mal sueño,
satura
mi
boca
con murmullos ininteligibles
por la noche.
La nostalgia no es fotografía sino recuerdo.
Ella aquí y ahora es
mi palabra.
mi palabra.
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