I. La mañana se forma en los ojos que abren sus cortinas, y temprano cocinamos con huevo, leche, harina, una idea ligeramente nueva, ligeramente saludable, de bienestar matutino.
II. Los ojos, hacedores del día, tejen la luz a las sábanas de muchachas esquivas, muchachas que son como la temprana hora y el sueño: para siempre blancas o azules, silenciosas.
III. La noche de los ojos lo sabe: la mañana es casi inexistente, pero siempre vuelve.
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