Estoy en el punto de quererte encontrar para no dejarte ir, aunque no debo negar que temo. Temo suspiros y miradas silenciados por la presencia del nombre que impone respeto entre ambos, que nos aleja y nos une.
Estoy recorriendo un camino tupido de narcisos y de robles, de pinos altísimos que impregnan el aire y lo dejan irreconocible. Estoy en el limbo de lo regalado y lo prohibido: tu mismo.
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